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octubre 29, 2011

Cristo como Sustituto | Comentario

“Sobre Cristo como Sustituto y Garante nuestro fue puesta la iniquidad de todos nosotros. Fue contado por transgresor, a fin de que pudiese redimirnos de la condenación de la Ley. La culpabilidad de cada descendiente de Adán abrumó su corazón. La ira de Dios contra el pecado, la terrible manifestación de su desagrado por causa de la iniquidad, llenó de consternación el alma de su Hijo. Toda su vida, Cristo había estado proclamando a un mundo caído las buenas nuevas de la misericordia y el amor perdonador del Padre. Su tema era la salvación aun del principal de los pecadores. Pero, en estos momentos, sintiendo el terrible peso de la culpabilidad que lleva, no puede ver el rostro reconciliador del Padre. Al sentir el Salvador que de él se retraía el semblante divino en esta hora de suprema angustia, atravesó su corazón un pesar que nunca podrá comprender plenamente el hombre. Tan grande fue esa agonía que apenas le dejaba sentir el dolor físico.

“Con fieras tentaciones, Satanás torturaba el corazón de Jesús. El Salvador no podía ver a través de los portales de la tumba. La esperanza no le presentaba su salida del sepulcro como vencedor ni le hablaba de la aceptación de su sacrificio por el Padre. [...] Sintió la angustia que el pecador sentirá cuando la misericordia no interceda más por la raza culpable. El sentido del pecado, que atraía la ira del Padre sobre él como sustituto del hombre, fue lo que hizo tan amarga la copa que bebía el Hijo de Dios, y quebró su corazón” __{DTG 701.

En Proverbios capítulo 3:1-3, el gran sabio Salomón habla así de la ley moral: “Hijo mío, no te olvides de mis enseñanzas; más bien, guarda en tu corazón mis mandamientos. Porque prolongarán tu vida muchos años y te traerán prosperidad. Que nunca te abandonen el amor y la verdad: llévalos siempre alrededor de tu cuello y escríbelos en el libro de tu corazón”. - NVI.

Algunas versiones dicen “Escríbelas en la tabla de tu corazón” - Es bastante común oír o leer argumentos de que la religión del Antiguo Testamento era la religión de la letra de la ley, enseñando principios de prácticas vividas exteriormente, la religión de apariencia. Al contrario, la religión del Nuevo Testamento es la religión del corazón, interiorizada, la religión del amor.

Sin embargo, Salomón contradice este argumento. Él enseña que la verdadera religión siempre está centralizada en el amor, interiorizada en el corazón. Lo que Salomón enseña es que la verdadera religión tiene principios de conducta que son obedecidos por amor y por fe, y no por mero legalismo. Esta es la enseñanza del Antiguo Testamento.

Podemos también interpretar Gálatas 3:13 – “Cristo nos libertó del yugo de la ley ritual, cuando fue clavado sobre la cruz como nuestro perfecto Cordero sacrificial”. Lo que está en armonía con el pensamiento de Pablo en el capítulo 5:1. Libertados por Cristo, de la esclavitud del pecado y del paganismo inútil, debían los gálatas permanecer firmes en el reino de la gracia y no someterse nuevamente al yugo de ritos vacíos, refiriéndose al ceremonialismo israelita.

Practicar ritos destituidos de su valor espiritual, porque todo lo que tipificaban ya se cumpliera en Cristo, era en verdad una maldición, porque no poseían en sí poder para perdonar, justificar y comunicar vida al pecador

Piense: “Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados. Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el SEÑOR hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros”. __{ Isaías 53:5-6 – NVI.

Desafio: “Anunciando el misterio que se ha mantenido oculto por siglos y generaciones, pero que ahora se ha manifestado a sus santos. A éstos Dios se propuso dar a conocer cuál es la gloriosa riqueza de este misterio entre las naciones, que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”. – {Colosenses 1:26-27 – NVI. Ni aún Lucifer, en rebelión en el Cielo, tomó conocimiento de ese plan secreto de la Trinidad.

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